PORTERO DE NOCHE: EL FENOMENO SADOMASOQUISTA Y LA REPETICIÓN DE VÍNCULOS TRAUMÁTICOS

Portero de noche es una película dirigida y escrita por Liliana Cavani en 1974, con dos actores que están impresionantes, la inglesa Charlotte Rampling, cuya hermana mayor se suicido teniendo ella 23 años y el actor Dirk Bogarde, presumiblemente homosexual, actor y escritor. Ambos son excelentes actores como se aprecia sus trayectorias artísticas y en la película es fascinante la dignidad y la entrega con que se manejan los personajes que lejos de resultar grotescos, se nos muestran accesibles, comprensibles y humanos, lo que todavía resulta más terrible para el espectador.

La película narra el encuentro 13 años después de una mujer Lucia, que fue victima de los campos de concentración nazi, y un oficial de las SS, Max, que tras estar en el campo como vergudo, pasa a ser portero nocturno de un hotel en Viena.

En dicho hotel están todas las antiguas glorias del nazismo, que se defienden entre ellas a capa y espada. Incluso mantienen reuniones "terapéuticas" para resolver problemas jurídicos y emocionales con respecto a sus crímenes y agresiones durante la guerra. Ellos buscan en estos vínculos evitar sentirse culpables o responsables de lo ocurrido para poder afrontar la vida sin dificultades y tramitar sus asuntos legales aparentando inocencia, pero lo cierto es que la mayoría viven atormentados (como el bailarín homosexual que agredía a los judíos por las noches y bailaba para los otros oficiales nazis, y que ahora necesita perpetuar este escenario para poder dormir, o el resto de oficiales que viven con paranoias, necesidad de control, apatías, indiferencias y rigideces manifiestas en sus respectivos personajes).

Lucia va con su marido a acompañarle a Viena para poder disfrutar con él de sus direcciones de ópera por Europa. Ella se ha convertido en una mujer con éxito, con una pareja, con estilo, con elegancia, con don de gentes, quizás disociando y apartando de su mente todas las secuelas de la victimización a la que estuvo sometida. Pero al llegar al hotel con el marido, horrorizada, comprueba que el portero de noche del hotel es su agresor sexual del campo de concentración nazi. A partir de este momento todo en ella comienza a descolocarse, su aparente bienestar se transforma en dificultades relacionales con su pareja, con el mundo, con ella misma y casi desesperadamente busca solucionar este caos interno reproduciendo de nuevo el vínculo traumático, es decir, buscando desde una ilusión de control o un masoquismo producto de la escena traumática original, volver a encontrarse con su agresor.

A partir de este encuentro, se van a generar en el espectador un sinfín de reacciones emocionales, uno puede sentir el miedo de la víctima y también el desafío del agresor, ambos se encuentran en situaciones incómodas, ahora que el contexto ha cambiado, pues tiene más que perder el portero Max, que su víctima Lucía, ya que se están procesando todas las antiguas causas criminales de los tiempos de los campos de exterminio nazi.

Entre tanto se van sucediendo flash backs que nos hacen entender la posición de sumisión de Lucía al ser casi una adolescente en un campo de exterminio,  donde Max la utiliza con fascinación para sus fines sexuales, donde ella confunde las muestras de interés sexual y erótico de él con muestras de amor, y donde se crea un vínculo cargado tanto de agresiones (disparos, escenas traumáticas como la de la entrega de la cabeza de otro preso que molestaba a Lucía), como de atenciones, (lamer sus heridas, colocarle su pijama como si de su niña a la que cuidar se tratará o mirarla con admiración y fascinación entre todos los otros presos a través de una cámara cinematográfica). 

Ella también se maneja entre la sumisión (entregarse, darse, dejarse, anularse para poder sobrevivir, dejar de tener voluntad, cuerpo y mente para estar físicamente y dejar de estar emocionalmente) y la provocación (cuando baila disfrazada de oficial de las SS para todos ellos o cuando le provoca con risas, gestos y requerimientos, casi pretendiendo así evitar sentirse tan lastimada y tan dañada, aparentando tener algo de poder o control sobre una situación de desamparo extrema).

Pero como en toda relación sadomasoquista, ambos necesitan del otro miembro para sentirse vinculados, así él finalmente queda atrapado en su propia necesidad cruel de dominio, de control, de victimización de ella y para lograrlo ha de esconderse del mundo, tanto que también él ahora sin apoyos y solo con su adicción, con su necesidad, con su único vínculo que le hace sentir vivo, se lastimará. Ambos se encadenan a una relación tormentosa fruto de una situación traumática que tratan de superar juntos, él con un pretendido poder que le otorgaba su rango en los campos de exterminio nazi y ella con una anulación para ser alguien para el otro, tener identidad a través del otro, pues el propio campo deshumaniza, y deja vacíos. 

Años después y sin haber podido más que seguir viviendo sin analizar este trauma, se vuelven a relacionar del mismo modo pero con el matiz de que ahora la necesidad es recíproca y él ya no tiene otros lugares donde compensar su desequilibrio narcisista, psicopático e identitario, pues él es ahora quien está al servicio de todos los otros y quien luchará por mantener este vínculo con ella que es el único que le hace sentirse vivo.

Excelente película en mi opinión para analizar algunos mecanismos de defensa como la ilusión de control (cuando uno se somete, cuando uno voluntariamente acude hacía el agresor), la identificación con el agresor (cuando ella puede reirse de las cadenas a las que él la tiene sometida) y los fenómenos sadomasoquistas, la erotización y sexualización como medios para poder soportar el vacío y las carencias emocionales, así como la reproducción del trauma como forma de tratar de resolverlo de forma inconsciente e irracional.
Portero de noche


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